El liderazgo que transformó un barrio desde la organización vecinal 

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Lo que comenzó como la búsqueda de un lugar para construir su hogar terminó convirtiéndose en una misión de vida. Durante más de 20 años, Margarita Farías ha impulsado la organización vecinal para gestionar servicios básicos, obras de infraestructura y ayuda social

Redacción:

Shirley Rivadeneira 

Cuando Margarita Farías llegó a la cooperativa Sergio Toral 2, encontró un sector marcado por la falta de servicios básicos, calles intransitables y escasas oportunidades para sus habitantes. Lejos de resignarse, decidió organizar a sus vecinos y convertir las necesidades de la comunidad en una agenda de trabajo permanente. Desde entonces, ha dedicado más de dos décadas a gestionar obras, fortalecer la participación ciudadana y mejorar la calidad de vida de cientos de familias.

Su liderazgo ha contribuido a la llegada del agua potable, el acceso a energía eléctrica, la rehabilitación de vías y la entrega de ayudas técnicas para personas en condición de vulnerabilidad. También ha promovido actividades comunitarias que fortalecen la convivencia y el sentido de pertenencia entre los habitantes del sector. Hoy, su mayor objetivo es lograr el asfaltado de las principales calles para poner fin a los problemas que cada invierno afectan la movilidad y la seguridad de los vecinos.

Para empezar, ¿cómo fue su llegada a la cooperativa Sergio Toral?

Llegué alrededor del año 2003. En ese entonces vivía con mi familia en una casa alquilada y un familiar nos comentó que en este sector estaban vendiendo terrenos. Decidimos comprar este solar cuando todavía había muy pocas viviendas.

La realidad era muy distinta a la de hoy. No teníamos agua potable, energía eléctrica ni otros servicios básicos. Las calles eran de tierra y, cuando llovía, se convertían en un lodazal porque este terreno antes había sido una arrocera. Caminar era muy difícil, los vehículos casi no podían ingresar y apenas había cinco casas en esta cuadra. Todo lo demás eran terrenos vacíos y monte.

¿Qué la motivó a pasar de ser vecina a convertirse en dirigente barrial?

La necesidad de mejorar nuestras condiciones de vida. Los vecinos entendimos que, si queríamos cambiar nuestra realidad, debíamos organizarnos. Así nació el comité barrial, con el propósito de mantener el orden y gestionar soluciones para la comunidad.

Nuestra primera acción fue rellenar las calles para facilitar el acceso, porque ni siquiera los tanqueros podían ingresar. Después trabajamos para conseguir energía eléctrica y, con el aporte de los propios vecinos, compramos un transformador que permitió llevar el servicio a nuestras viviendas. Fueron pequeños pasos que marcaron el inicio del desarrollo del sector.

Cuando las calles eran de tierra y no había agua potable, ¿cómo fueron las primeras gestiones ante el Municipio?

Nos reuníamos constantemente para recoger firmas y presentar solicitudes al Municipio. Una de las mayores preocupaciones era un canal ubicado al final del barrio que, cada invierno, provocaba inundaciones y dejaba las calles cubiertas de agua.

Las respuestas no llegaban con rapidez. Muchas veces iniciábamos los trámites meses antes de la temporada invernal con la esperanza de obtener atención a finales del año. Aunque el proceso era lento, la perseverancia dio resultados y, poco a poco, empezamos a recibir el apoyo necesario para mejorar el barrio.

Gran parte de su trabajo se ha enfocado en ayudar a las familias más vulnerables. ¿Cuáles considera que han sido los logros más importantes?

Uno de los más significativos fue la entrega de ayudas técnicas gestionadas junto con el Municipio. Muchas personas recibieron sillas de ruedas, andadores, bastones y sillas especiales para niños con discapacidad.

Fue un momento muy emotivo porque estas ayudas transformaron la vida de muchas familias. Recuerdo a padres que improvisaban sillas plásticas para movilizar a sus hijos y que, gracias a esta gestión, finalmente contaron con un equipo adecuado. Ver la alegría de esas personas me motiva a seguir trabajando.

En cada celebración comunitaria logra reunir a decenas de vecinos. ¿Cómo consigue ese nivel de participación?

La clave está en el trabajo conjunto. Todos colaboran de alguna manera para organizar las actividades. Gestionamos juguetes, caramelos, tortas y refrigerios para que ningún niño se quede sin celebrar la Navidad.

También participamos en las fiestas julianas y en concursos comunitarios, donde cada familia aporta pintando y arreglando su vivienda. Estas actividades no solo embellecen el sector, sino que fortalecen la convivencia y el sentido de comunidad.

Después de tantos años de servicio, ¿qué proyecto considera prioritario para el futuro del barrio?

Mi mayor anhelo es que las calles principales sean asfaltadas. Aunque hemos logrado mejorar el acceso con relleno y mantenimiento, esa sigue siendo una solución temporal.

Cada invierno volvemos a enfrentar problemas por el lodo y los charcos, lo que dificulta la movilidad de peatones y vehículos. Contar con calles asfaltadas significaría una mejor calidad de vida, mayor seguridad y un desarrollo más digno para todas las familias de Sergio Toral.

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