La ruta detrás de las aplicaciones

Imagen Velez Julainny

Las aplicaciones de transporte transformaron la manera de movilizarse en las ciudades y, al mismo tiempo, se convirtieron en una alternativa de empleo para miles de personas. Lo que para los usuarios representa rapidez, comodidad y tarifas accesibles, para quienes conducen implica extensas jornadas, incertidumbre económica, riesgos constantes y la presión de mantener una buena calificación para seguir siendo competitivos dentro de la plataforma. Detrás de cada viaje hay historias marcadas por el esfuerzo, la necesidad y el deseo de brindar un mejor futuro a sus familias. 

Mientras las plataformas digitales ganan terreno, el servicio de transporte tradicional también ha incorporado herramientas tecnológicas para responder a las nuevas exigencias del mercado. Desde la administración de una central de taxis, la organización y la seguridad se mantienen como pilares para sostener la operación diaria. Analía, la encargada de coordinar las solicitudes de los usuarios, explicó que la cooperativa dispone de entre 50 y 60 unidades activas, monitoreadas mediante GPS y una aplicación que permite ubicar cada vehículo en tiempo real, incluso en recorridos hacia ciudades como Guayaquil o Quito. Este sistema permite un control constante y mejora la capacidad de respuesta ante cualquier eventualidad en ruta.

En el ámbito económico, detalló que las tarifas dependen de la distancia y el destino, por lo que no existe un valor único. El servicio por horas se ubica en, aproximadamente, 20 dólares, mientras que la carrera mínima se mantiene en un dólar. Añadió que, ante accidentes o hechos de inseguridad, se activa un mecanismo de apoyo entre conductores, quienes acuden de forma inmediata para brindar asistencia.

Respecto a las condiciones laborales, indicó que actualmente se aplican turnos rotativos de ocho horas, lo que ha permitido reducir el desgaste físico y mental generado por jornadas más extensas. La incorporación de personal administrativo facilitó una mejor distribución de funciones y fortaleció la estabilidad interna del sistema.

Foto: IA

La difícil situación económica llevó a muchos ciudadanos a encontrar en aplicaciones como inDrive una fuente de ingresos. Marlon Alex Valdiviezo Peña decidió incorporarse a la plataforma motivado por la necesidad de aportar al sustento de su hogar. Aunque no se dedica exclusivamente a esta actividad, considera que representa una oportunidad para quienes no encuentran empleo estable. Según explicó, una jornada de ocho horas puede permitir alcanzar un salario básico, aunque todo depende de la demanda diaria. 

Sin embargo, las ganancias no siempre compensan el esfuerzo. Marlon relató que las tarifas bajas, los cambios inesperados de destino y la incertidumbre sobre la identidad de algunos pasajeros forman parte de la rutina. En una ocasión prefirió cancelar un viaje al percibir una situación sospechosa, convencido de que preservar su seguridad vale más que cualquier carrera. 

Una experiencia similar comparte Washington, quien eligió inDrive porque su vehículo no cumplía los requisitos exigidos por otras plataformas. Aunque reconoce que la aplicación le permitió mantenerse activo laboralmente, asegura que los horarios de mayor demanda, entre las cinco y ocho de la noche, también coinciden con el tráfico más intenso, lo que aumenta el cansancio y reduce la rentabilidad. A ello se suman zonas consideradas de alto riesgo, como el Guasmo, la Perimetral y el Suburbio, donde prefiere no ingresar por temor a robos o secuestros. En un día favorable puede generar alrededor de 60 dólares, siempre que las condiciones lo permitan. 

La evolución de este modelo también es analizada por Freddy Becerra Estrada, exconductor de plataformas y  taxista de una cooperativa formal. Recuerda que durante los primeros años de servicios como EasyTaxi la demanda era elevada y la competencia reducida, lo que permitía obtener ingresos atractivos trabajando entre ocho y nueve horas. Con el paso del tiempo, el incremento de conductores y la llegada de nuevas aplicaciones redujeron considerablemente la rentabilidad. Actualmente, explica, muchos deben permanecer más de doce horas al volante para conseguir ingresos similares.

Freddy sostiene que esta realidad también afecta la vida familiar. El tiempo que antes dedicaba a compartir con sus seres queridos hoy se invierte en prolongadas jornadas de trabajo. Además, cuestiona las tarifas que ofrecen algunas plataformas, pues considera que, en muchos casos, apenas alcanzan para cubrir los gastos de combustible y mantenimiento del vehículo.

Para Eduardo Ponce, conducir mediante inDrive significó adaptarse a una nueva forma de trabajar después de la pandemia. Desde 2020 encontró en la plataforma la posibilidad de negociar directamente el valor de cada carrera, una característica que, a su juicio, le brinda mayor autonomía frente a otros servicios que fijan tarifas por kilometraje. No obstante, aclara que las principales dificultades no provienen de la aplicación, sino del contexto económico y social. El incremento del precio de los combustibles y la inseguridad afectan diariamente sus ingresos, por lo que antes de aceptar un viaje revisa cuidadosamente el historial de cada pasajero para reducir riesgos.

Foto: IA

Con más de 25 años al volante, Carlos también ha debido adaptarse a la transformación tecnológica del transporte. Antes recorría las calles en busca de pasajeros; ahora recibe solicitudes desde una aplicación que le permite conocer información básica del usuario antes de iniciar el recorrido. Aunque esa herramienta le ofrece mayor tranquilidad, afirma que la incertidumbre nunca desaparece. Cada jornada comienza sin saber quién ocupará el asiento trasero. A ese escenario se suman desperfectos mecánicos, neumáticos averiados o la posibilidad de quedar varado en sectores inseguros. Pese a ello, considera injusto que la mala conducta de unos pocos genere desconfianza hacia todo el gremio y sostiene que el respeto entre conductor y pasajero es la base de un viaje seguro.

Los usuarios reconocen las ventajas de estas plataformas, aunque también expresan inquietudes relacionadas con la seguridad. Axel Valdiviezo destaca la rapidez y comodidad del servicio, pero, sobre todo, valora la cercanía que ha encontrado en muchos conductores. Las conversaciones durante los recorridos le han permitido conocer las dificultades que enfrentan quienes pasan gran parte del día al volante. Para él, la posibilidad de que ambas partes puedan visualizar información básica antes de aceptar un viaje fortalece la confianza y favorece una convivencia más respetuosa.

Nicoll Caicedo Enríquez utiliza inDrive para realizar diligencias personales y desplazarse con facilidad. Antes de abordar un vehículo revisa las calificaciones y comentarios de otros usuarios, ya que considera que esas referencias le ofrecen mayor tranquilidad. Aunque recuerda una experiencia desagradable con un conductor que mantuvo una actitud prepotente, reconoce que este oficio exige afrontar extensas jornadas, agotamiento y situaciones de riesgo, una realidad que la llevó a mirar con mayor empatía el trabajo de quienes dependen de estas plataformas.

Geomely España, por su parte, admite que la inseguridad la ha llevado a preferir, cuando es posible, movilizarse con personas de confianza. Su mayor preocupación surge cuando el conductor que llega a recogerla no coincide con la fotografía registrada en la aplicación, situación que afecta su percepción de seguridad. Aun así, considera que los choferes también enfrentan incertidumbre, pues desconocen quién será el pasajero que subirán al vehículo.

Katherine Sorrosa utiliza estas aplicaciones para llevar a su hija a la escuela, acudir a citas médicas y cumplir otras actividades cotidianas. Su principal motivación es el costo accesible de los viajes, aunque cree que las plataformas aún deben fortalecer los mecanismos de protección para ambas partes. Además, señala que, según lo conversado con varios conductores, los horarios nocturnos y los fines de semana suelen ofrecer mejores oportunidades para generar ingresos.

Una experiencia distinta vivió Anita Vera, quien recurre a estos servicios cuando no encuentra un taxi de confianza. En una ocasión, un error en la dirección provocó un desacuerdo con el conductor, quien reaccionó de manera poco cordial y le pidió abandonar el vehículo. Pese a ese incidente, sostiene que un viaje exitoso depende del respeto mutuo y reconoce que quienes trabajan en este sector enfrentan diariamente personas, circunstancias y riesgos impredecibles.

Las historias de conductores y usuarios muestran que las aplicaciones de transporte han cambiado la forma de movilizarse y de generar ingresos, pero también han impuesto nuevos desafíos. Para quienes viven de esta actividad, la flexibilidad de horarios suele traducirse en extensas jornadas, ingresos variables, dependencia de las calificaciones de los pasajeros y una permanente exposición a la inseguridad. Por otro lado, los usuarios buscan rapidez, economía y confianza, conscientes de que cada recorrido también implica un acto de responsabilidad compartida.

Más allá de la tecnología, detrás de cada solicitud aceptada hay personas que trabajan para sostener a sus familias, enfrentan el desgaste físico y emocional de la rutina y conviven con la incertidumbre de no saber cómo terminará su siguiente viaje. En un servicio donde la confianza se construye kilómetro a kilómetro, el verdadero desafío no solo consiste en llegar al destino, sino en garantizar condiciones más seguras y justas para quienes hacen posible cada trayecto.

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