Cuando la fe se convierte en acción

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Con una trayectoria marcada por el compromiso social, Armando Ramos González ha impulsado iniciativas que brindan oportunidades a comunidades afrodescendientes. Para el misionero, la educación y los valores son las bases de una sociedad más justa

Redacción:

Martha Sánchez Rodríguez 

Para el hermano misionero comboniano Armando Ramos González, la fe adquiere sentido cuando se traduce en acciones concretas al servicio de los demás. Su labor junto a comunidades afrodescendientes ha estado marcada por el impulso de proyectos educativos, la construcción de viviendas, escuelas, centros de salud e infraestructura comunitaria, iniciativas que han contribuido a mejorar las condiciones de vida de cientos de familias.

Convencido de que la transformación social comienza con el compromiso de cada persona, ha dedicado su misión a promover la dignidad humana, fortalecer los valores y generar oportunidades para quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad. En esta entrevista reflexiona sobre el llamado que dio rumbo a su vocación, la importancia de la educación como motor de cambio y el valor de decidirse a ayudar al prójimo desde el lugar que cada uno ocupa.

¿Qué significa servir a Dios a través de las comunidades afrodescendientes?

Servir a Dios siempre significa servir a las personas. No podemos decir que amamos a un Dios al que no vemos si no somos capaces de servir a nuestros hermanos, que sí vemos. Esa es la esencia del Evangelio y el fundamento de nuestra misión.

¿Hubo algún momento que marcó su vocación religiosa?

Sí. Toda vocación tiene un momento decisivo, un instante en el que uno siente con claridad el llamado de Dios. Nosotros lo conocemos como el momento de la inspiración. Fue esa experiencia la que dio sentido al camino que he recorrido como misionero.

¿Cómo puede una persona contribuir, desde su realidad cotidiana, a construir una sociedad más humana y equitativa?

Cada uno puede hacerlo desde el lugar donde se encuentra. Lo importante es actuar conforme a los valores del Evangelio y poner siempre el bien de los demás por delante. Si viviéramos con respeto, solidaridad y amor al prójimo, la sociedad sería muy diferente.

¿Qué valores considera indispensables para construir una sociedad más justa?

Los valores humanos y cristianos van de la mano. El principal es el amor entendido como servicio. Jesús nos enseñó que amar significa entregarse por los demás. En la vida cotidiana eso se traduce en estar atentos a las necesidades del otro, sin dejar de cuidar también de nosotros mismos.

¿Qué transformaciones ha observado gracias a su labor misionera?

Nuestro trabajo siempre busca resultados concretos. A lo largo de los años hemos impulsado la construcción de viviendas, hospitales, escuelas e infraestructura para comunidades que antes carecían de estos servicios. Ver cómo esas obras mejoran la calidad de vida de las personas confirma que vamos por el camino correcto.

Como promotor del acceso a becas, ¿por qué considera que la educación es fundamental?

Porque la educación forma personas, no solo profesionales. Me refiero a una educación que fortalezca los valores y el sentido de responsabilidad. Si los jóvenes crecen con principios sólidos, será posible construir una sociedad más justa y comprometida con el bien común.

¿Qué resultados ha visto en quienes accedieron a estas oportunidades educativas?

Muchos jóvenes lograron alejarse de contextos marcados por la violencia, las pandillas o las adicciones para construir un proyecto de vida diferente. Sin embargo, el mayor logro es que varios de ellos regresaron a sus comunidades para ayudar a otros, multiplicando las oportunidades que un día recibieron.

¿Qué mensaje les daría a quienes desean ayudar a los demás, pero no saben cómo empezar?

Lo más importante es tomar la decisión. Muchas veces esperamos el momento perfecto, pero ese momento es hoy. Ayudar al prójimo comienza con un acto de voluntad. Cuando una persona decide dar el primer paso, por pequeño que parezca, ya está contribuyendo a transformar la realidad de alguien más. Esa es la clave: decidirse.

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