La educación cambió con la tecnología y la inteligencia artificial, pero el verdadero debate no está en las herramientas, sino en cómo evitar la pérdida de habilidades como la investigación, la lectura crítica y el análisis, fundamentales para el rigor académicos
Redacción:
Michelle Aspiazu / Amilka Cobos / Dana García / Ingrid Piza / Shirley Rivadeneira
El aula ecuatoriana ya no se parece a la de hace algunas décadas. La llegada de internet y la inteligencia artificial transformó la manera de acceder al conocimiento, pero también abrió el debate sobre si la facilidad tecnológica está fortaleciendo o debilitando el aprendizaje. Especialistas, docentes y ciudadanos de distintas generaciones coinciden en que la educación vive un cambio profundo que exige encontrar un equilibrio entre innovación y pensamiento crítico.

El sociólogo Juan Carlos Rodríguez sostiene que antes aprender implicaba un proceso de búsqueda, análisis y reflexión. Investigar requería acudir a bibliotecas, consultar libros y construir el conocimiento a partir de la lectura y la comprensión. En la actualidad, explica, las plataformas digitales y la inteligencia artificial permiten resolver tareas de forma inmediata, reduciendo el esfuerzo investigativo y limitando el desarrollo del razonamiento autónomo.

Una visión similar comparte Elizabeth Ruiz Caiche, docente de Ciencias Naturales, quien considera que la transformación educativa no responde únicamente al avance tecnológico, sino también a cambios curriculares que dejaron de lado asignaturas como Cívica y Formación en Valores. Aunque reconoce el potencial de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo, advierte que no debe reemplazar el criterio propio ni el acompañamiento del docente, pues la educación presencial sigue siendo el espacio donde se fortalece el aprendizaje, el compromiso y la formación integral.

Los cambios también se reflejan en las experiencias de quienes han vivido distintas etapas del sistema educativo. Margarita Rivas, de 80 años, recuerda una época en la que estudiar significaba largas jornadas entre pizarrones, libros y bibliotecas, en un contexto donde existían mayores desigualdades para acceder a la educación. Hoy reconoce que las nuevas generaciones disponen de recursos impensables en su juventud.

Por su parte, María José Ordóñez, de 38 años, señala que pasó de investigar en enciclopedias y láminas a tener toda la información al alcance de un clic. Sin embargo, considera que esa facilidad también ha reducido el interés por analizar y cuestionar los contenidos, mientras la inteligencia artificial ofrece respuestas que no siempre son precisas.
Este cambio coincide con la evolución del marco legal ecuatoriano: la Constitución de 2008 y la Ley Orgánica de Educación Intercultural consolidaron la educación como un derecho, ampliando el acceso y promoviendo la inclusión. No obstante, el desafío actual ya no consiste únicamente en garantizar cobertura, sino en formar estudiantes capaces de aprovechar la tecnología sin renunciar al pensamiento crítico, la investigación y el rigor académico.


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