Miles de profesionales invierten años en su formación, pero al graduarse se enfrentan a un mercado laboral que exige experiencia, ofrece pocas oportunidades y empuja a muchos a emigrar o trabajar en áreas ajenas a su profesión
Redacción:
Stefany Ángulo / Kerly Sandoval / Viviana Suárez / María Carrillo / Ruddy Bayona
Durante años, obtener un título universitario era considerado el camino más seguro hacia la estabilidad económica y el desarrollo profesional. Sin embargo, para miles de ecuatorianos esa promesa parece cada vez más lejana. Aunque invierten tiempo, esfuerzo y recursos en su formación académica, al graduarse se enfrentan a un mercado laboral que exige experiencia, ofrece pocas vacantes y, en muchos casos, obliga a aceptar empleos ajenos a su profesión.
Para José Rendón, ingeniero agrónomo graduado en 2020, la búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en una decisión migratoria. La falta de oportunidades laborales lo llevó a abandonar el país y comenzar una nueva vida en el extranjero. Actualmente, trabaja como conductor para sostener a su madre y a sus hermanos. Aunque reconoce que ha encontrado estabilidad económica, asegura que sigue sintiéndose agrónomo y espera algún día volver a ejercer la profesión que estudió. Su historia representa la de muchos jóvenes que, ante la falta de oportunidades, optan por abandonar el país.
Su historia no es un caso aislado. Rosa Bayona, graduada en Diseño Gráfico, tampoco encontró espacio en el mercado laboral y terminó emprendiendo desde casa. Cuando recibió su título creyó que estaba dando el primer paso hacia la profesión que había elegido años atrás. Lo que no imaginó era que, después de graduarse, las puertas laborales permanecerían cerradas. La experiencia que exigían las empresas parecía imposible de obtener para alguien que recién iniciaba su carrera. Con el tiempo dejó de buscar una oportunidad en su área y abrió una pequeña tienda desde su hogar para generar ingresos. Su historia no es una excepción. Es el reflejo de una realidad que comparten miles de profesionales ecuatorianos: estudiar ya no garantiza conseguir empleo.

La misma incertidumbre acompaña a Saskia Palacios. Graduada en Pedagogía de la Lengua y Literatura a finales de 2024, imaginó que pronto estaría frente a un aula. Sin embargo, cada convocatoria laboral parecía repetir la misma condición de tener experiencia mínima de dos o tres años. Ni las prácticas preprofesionales ni los cursos adicionales parecían suficientes. Mientras continúa capacitándose, observa cómo muchos compañeros terminan aceptando trabajos alejados de aquello para lo que se prepararon. La pregunta es inevitable: ¿cómo adquirir experiencia si nadie está dispuesto a ofrecer la primera oportunidad?
Esa barrera también marcó el camino de Josiel Mite. Tras culminar sus estudios en Telecomunicaciones descubrió que las opciones laborales en el sector estaban dominadas por contratos temporales y escasa estabilidad. Después de varios intentos decidió buscar empleo en otra actividad que le ofreciera mejores condiciones. No abandonó sus conocimientos, pero sí el ejercicio de su profesión.
Una decisión similar enfrentó María Laura Carrillo. Aunque contaba con título universitario y estudios de posgrado, pasó años sin poder desarrollarse en el área para la que se había preparado. Mientras colaboraba en el negocio familiar veía cómo el tiempo avanzaba sin que llegara la oportunidad esperada. Finalmente, logró incorporarse al mercado laboral, pero después de una larga espera que puso a prueba su perseverancia.
Las dificultades laborales no distinguen edad ni generación. Jhonny Velasco, economista, también enfrentó obstáculos para encontrar empleo estable pese a contar con formación universitaria. Desde su experiencia, el principal problema radica en la desconexión entre la cantidad de profesionales que egresan cada año y las oportunidades que realmente ofrece el mercado laboral. La competencia es cada vez mayor y las vacantes resultan insuficientes.
Frente a este panorama, los especialistas identifican diversos factores. Johanna Galarza, profesional de Talento Humano, explica que muchas empresas continúan priorizando la experiencia práctica incluso para cargos sin jefaturas. Sin embargo, señala que también se valoran habilidades como la capacidad de adaptación, la iniciativa y el trabajo en equipo.
María Fernanda Solínez coincide en que las competencias personales tienen un peso importante, aunque reconoce que muchos jóvenes se enfrentan a expectativas laborales poco realistas o a procesos de selección cada vez más exigentes. “Las oportunidades dependen en gran medida de la actitud, el esfuerzo y la capacitación constante. También los jóvenes deben mejorar sus hojas de vida, mantenerse actualizados y desarrollar buenas relaciones personales, ya que la humildad, las ganas de aprender y una actitud positiva son cualidades muy valoradas por las empresas”.
Desde el sector empresarial, Juan Carlos Ortiz, jefe de personal de una empresa industrial, ofrece otra perspectiva. Según explica, la situación económica obliga a las organizaciones a optimizar recursos y contratar perfiles que puedan responder de inmediato a las necesidades operativas. Por ello, la experiencia suele convertirse en un criterio decisivo. El resultado es un círculo difícil de romper para quienes buscan su primer empleo profesional. “Tener un título profesional no garantiza conseguir empleo, por lo que es fundamental que los jóvenes busquen oportunidades para ganar experiencia desde la época universitaria. De esta manera, podrán mejorar sus posibilidades de inserción laboral y responder a lo que exigen las empresas actualmente”.
Las consecuencias de esta realidad van más allá del aspecto económico. La psicóloga Rosa Mercado advierte que la falta de oportunidades laborales provoca frustración, ansiedad y sentimientos de fracaso en muchos jóvenes. Después de años de esfuerzo académico, enfrentan la sensación de que sus expectativas no se corresponden con la realidad del mercado laboral. Las redes sociales, donde constantemente observan los logros de otras personas, suelen profundizar esa percepción.
Los especialistas consultados convergen en una misma conclusión de que el problema no radica únicamente en la formación profesional. Ecuador enfrenta una brecha creciente entre la preparación académica y las oportunidades laborales disponibles. Mientras las universidades continúan graduando profesionales, el mercado no crece al mismo ritmo para absorber ese talento.

Detrás de cada hoja de vida enviada sin respuesta, de cada profesional que trabaja en otra área o de cada joven que decide emigrar, existe una historia de esfuerzo, expectativas y resiliencia. Son historias que evidencian una realidad incómoda: en el Ecuador obtener un título universitario sigue siendo un logro, pero ya no es una garantía. Y mientras esa brecha persista, miles de profesionales seguirán buscando algo más que un empleo: una oportunidad para demostrar que los años invertidos en su formación realmente valieron la pena.


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