La regla de la desigualdad 

Image 16

La pobreza menstrual continúa siendo una realidad que permanece oculta para gran parte de la sociedad. Aunque la menstruación forma parte del desarrollo natural de millones de mujeres, todavía existen barreras económicas, sociales y culturales que dificultan que niñas y adolescentes la vivan de manera digna. La escasa educación sobre salud menstrual, las dificultades para acceder a atención médica, el costo de los productos de higiene y los estigmas que aún rodean este proceso natural repercuten directamente en la salud, la autoestima y el derecho a la educación.

Adriana Otero, de 16 años, explica que no todas las adolescentes tienen las mismas posibilidades para adquirir productos de higiene menstrual, ya que muchas familias enfrentan dificultades económicas y estos artículos representan un gasto que no siempre pueden asumir. A esta situación se suma la falta de información dentro de numerosos hogares, donde hablar sobre la menstruación continúa siendo un tema incómodo o incluso prohibido. Como consecuencia, muchas jóvenes buscan respuestas en redes sociales o internet, donde la información no siempre es confiable.

Foto: IA

La estudiante también señala que varias de sus compañeras desconocen qué productos son los más adecuados para su higiene menstrual o en qué momento deben acudir a un especialista. Aunque el sistema público de salud ofrece atención ginecológica, obtener una cita suele tomar semanas o meses, mientras que acudir a un consultorio privado implica un costo que muchas familias no pueden cubrir.

Las consecuencias de esta realidad también se reflejan en el desempeño académico. Nancy Jiménez, de 17 años, comenta que durante la menstruación actividades cotidianas como asistir a clases o participar en educación física pueden convertirse en un verdadero desafío. Explica que los cólicos, en algunos casos, son tan intensos que varias estudiantes prefieren quedarse en casa, porque no tienen condiciones para concentrarse o realizar sus actividades con normalidad. Incluso conoce casos en los que el dolor les impide levantarse de la cama.

Una experiencia similar comparte Rafaela Ros, también de 17 años. Aunque reconoce que el dolor y el malestar afectan su rendimiento escolar, asegura que muchas veces continúa asistiendo al colegio por temor a atrasarse en las clases o perder evaluaciones importantes. Sin embargo, considera que cuando los síntomas son muy fuertes lo más adecuado es descansar y priorizar la salud, aunque ello implique ausentarse temporalmente de las actividades académicas.

Por su parte, Diana Lucas describe la menstruación como uno de los momentos más difíciles de su rutina mensual. Además del intenso dolor físico, afirma que experimenta cambios emocionales, estrés e incomodidad que dificultan su permanencia en las aulas. A su criterio, las estudiantes aún no reciben suficiente comprensión dentro de las instituciones educativas, ya que incluso solicitar permiso para acudir al baño durante una emergencia menstrual puede convertirse en una situación incómoda.

La psicóloga Marilú Basurto, del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE), confirma que esta problemática está presente en la institución educativa. Explica que, al tratarse de un plantel público, muchas estudiantes provienen de hogares con limitaciones económicas e incluso presentan dificultades para cubrir necesidades básicas como la alimentación. Por ello, es frecuente que algunas alumnas acudan al departamento cuando su período menstrual inicia inesperadamente y no cuentan con una toalla sanitaria.

Foto: IA

Basurto recuerda que años atrás el Estado implementó programas de entrega de productos de higiene menstrual en instituciones educativas, una iniciativa que benefició a numerosas estudiantes. Sin embargo, considera que aún existen importantes desafíos para garantizar un acceso permanente y equitativo a estos insumos.

La especialista advierte que la pobreza menstrual tiene efectos que van más allá de la falta de productos de higiene. Puede generar ausentismo escolar, afectar la autoestima, provocar ansiedad e incrementar el impacto de enfermedades ginecológicas, como el síndrome de ovario poliquístico, cuando las adolescentes no reciben atención médica especializada.

Asimismo, destaca la importancia de fortalecer la solidaridad entre las propias estudiantes. Un gesto tan sencillo como compartir una toalla sanitaria con una compañera puede evitar momentos de angustia y permitir que continúe su jornada escolar con mayor tranquilidad.

La docente María Tobar Bórquez hace un llamado a romper los estigmas que aún rodean la menstruación. Considera que tratar este proceso como un tema prohibido solo alimenta la desinformación y dificulta que las adolescentes expresen sus dudas o soliciten ayuda. También recuerda que el Departamento de Consejería Estudiantil brinda acompañamiento inmediato a quienes enfrentan una emergencia menstrual durante la jornada escolar, facilitando productos de higiene cuando es necesario.

La menstruación no debe seguir siendo un tema rodeado de prejuicios o desinformación y menos convertirse en una causa de ausentismo escolar ni en un motivo de discriminación. Garantizar que todas las niñas y adolescentes cuenten con información, productos de higiene y espacios adecuados para cuidar su salud constituye un paso fundamental hacia una educación más inclusiva y equitativa.

Sin comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *