Tras superar uno de los momentos más difíciles de su vida fundó Mi Pequeño Salvador, una organización que desde hace casi dos décadas brinda apoyo a niños, adultos mayores, personas con discapacidad y familias en situación de vulnerabilidad.
Redacción;
Ismael Lara
Hay historias que nacen del dolor y terminan convirtiéndose en esperanza para cientos de personas. La de Yolanda Leonor Vásquez Cruz, abogada, docente y fundadora de Mi Pequeño Salvador, es una de ellas. Lo que comenzó como una promesa hecha en medio de la enfermedad de su hijo se transformó en una misión de vida dedicada al servicio social.
Desde 2007, su fundación trabaja junto a comunidades vulnerables de Guayaquil y Durán, brindando asistencia a niños, adultos mayores, personas con discapacidad, madres solteras y familias de escasos recursos. A través de la entrega de alimentos, medicamentos, ayudas técnicas y acompañamiento solidario, la organización busca aliviar las necesidades más urgentes y devolver la esperanza a quienes enfrentan situaciones de pobreza, abandono o violencia.
En esta entrevista, Yolanda Vásquez comparte el origen de la fundación, los desafíos que ha enfrentado y los sueños que aún mantiene para ampliar su labor social.
¿Qué la motivó a crear la fundación Mi Pequeño Salvador?
Todo comenzó en 1997, cuando nació mi hijo. A los 26 días de vida enfermó gravemente y los médicos me dijeron que tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir. En medio de esa situación le pedí a Dios que me permitiera conservarlo, sin importar su condición.
Cuando mi hijo salió adelante, sentí que había recibido un milagro. En agradecimiento decidí dedicar parte de mi vida a servir a los niños y a las personas que más necesitaban apoyo. Esa promesa dio origen, años después, a la fundación Mi Pequeño Salvador.

¿Cuáles considera que han sido los principales logros de la fundación?
El mayor logro ha sido ganarnos la confianza de las comunidades donde trabajamos. Con el tiempo hemos construido vínculos muy cercanos con las familias y eso ha permitido que la fundación sea vista como un espacio de apoyo y solidaridad.
Más que una organización, nos hemos convertido en una gran familia, donde muchas personas también se suman para ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.
¿Cómo consiguen los recursos para mantener las actividades solidarias?
La mayor parte del apoyo proviene de mis hijos, quienes residen en España, y de sus amigos. También contamos con la colaboración de compañeros de la universidad, colegas de las facultades donde trabajo, amigos y personas que se unen a nuestras campañas solidarias.
En algunas ocasiones también hemos recibido apoyo del Municipio y de ciudadanos que realizan donaciones cuando organizamos actividades para niños, adultos mayores, madres solteras o familias afectadas por emergencias.

¿Cuáles son las principales necesidades de los niños que atienden?
La mayoría proviene de hogares con muchas carencias económicas y familiares. Hay niños que viven con madres solteras, con sus abuelos o que han perdido a sus padres o los tienen privados de libertad.
Nuestro objetivo es acompañarlos y brindarles apoyo para que sientan que no están solos y puedan encontrar un espacio de afecto y esperanza.
¿Qué tipo de ayuda reciben las personas con discapacidad?
Dependiendo de cada caso, entregamos alimentos, pañales, leche, medicamentos y ayudas técnicas, como sillas de ruedas, para mejorar su calidad de vida y aliviar las dificultades que enfrentan diariamente.
¿Cuál ha sido la experiencia más difícil que ha vivido al frente de la fundación?
Uno de los momentos más dolorosos fue el incendio de una vivienda donde resultó gravemente herida una joven con discapacidad que había formado parte de la fundación desde sus inicios.
Su historia nos marcó profundamente porque era parte de nuestra familia y vivir esa tragedia fue una experiencia muy difícil para todos.
¿Qué desafíos enfrenta actualmente la fundación?
Los principales retos han sido la pandemia y el incremento de la inseguridad. Durante la emergencia sanitaria tuvimos que suspender el comedor comunitario que manteníamos para niños que asistían a clases sin haber desayunado.
Posteriormente, la violencia, las extorsiones y los problemas de seguridad dificultaron el trabajo en territorio. A pesar de ello, seguimos atendiendo a las familias desde nuestra sede ubicada en Durán y continuamos llegando a las comunidades cuando las condiciones lo permiten.
¿Qué impacto ha tenido la fundación en las familias beneficiarias?
Las familias valoran profundamente el acompañamiento que reciben. Aunque nuestros recursos son limitados, procuramos estar presentes en fechas especiales como Navidad y el Día de la Madre, además de organizar actividades recreativas que fortalecen la convivencia familiar.
Nuestro mayor aporte ha sido demostrarles que siempre hay personas dispuestas a tenderles una mano.
¿Cuáles son las metas que tiene para el futuro de la fundación?
Mi mayor sueño es construir una escuela y, posteriormente, un colegio técnico donde niños y jóvenes de escasos recursos puedan aprender un oficio que les permita construir un mejor futuro y mantenerse alejados de la violencia y otros riesgos sociales.
También quisiera crear un albergue para mujeres víctimas de violencia que necesiten un lugar seguro donde empezar una nueva vida.
¿Cómo pueden colaborar quienes deseen apoyar esta labor?
Toda ayuda es bienvenida. Las personas pueden donar alimentos, productos de primera necesidad, medicamentos o cualquier aporte que permita armar kits para familias vulnerables y adultos mayores.
Cada donación, por pequeña que parezca, representa una oportunidad para mejorar la calidad de vida de quienes más lo necesitan.
¿Qué mensaje les daría a otras organizaciones sociales?
Les diría que no pierdan la esperanza. El trabajo social requiere perseverancia y compromiso, pero cuando las fundaciones unen esfuerzos logran llegar a muchas más personas.
Lo importante es mantener el propósito de servir con honestidad, amor y solidaridad, sin esperar nada a cambio.
¿Dónde desarrolla actualmente su labor la fundación?
La fundación funciona actualmente desde mi domicilio, ubicado en la ciudadela Primavera 2, en el cantón Durán. Desde allí coordinamos las ayudas y continuamos trabajando en sectores como La 40, Derecho a los Pobres, Finca Delia, El Recreo y 5 de Junio, aunque algunas zonas se han vuelto de difícil acceso debido a la inseguridad.



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